"Esa necesidad de olvidar su yo en la carne extraña, es lo que el hombre llama noblemente necesidad de amar".

Charles Baudelaire

7.6.09

BUSQUEDA

La mirada del antropólogo se diluye por la ventana del tren que cruza con un ágil paso metálico los terrenos cuaternarios, compuestos de diferentes suelos como: el aluvial, residual, y el lacustre que se diferencian por sus oscuros, y claros colores, además de sus ásperas e imperfectas superficies donde se exhuman diferentes árboles como: los pinos, encinos, eucaliptos, y algunos sabinos que se elevan con armonía en todo el camino. La lluvia es constante sobre la espesa vegetación que con alevosía libera agradables aromas que se pierden en la atmosfera, en el suelo se logra distinguir el cuerpo esbelto del agua que forma ligeras arterias sobre la tierra fértil y extensa que se pierde de la vista por el andar apurado del tren; mientras las gotas desfilan en minúsculos y variados tamaños intentando penetrar las ventanas o ranuras del tren que con sólido estruendo pasa sobre los terrenos que forman una llanura donde se asienta la ciudad de Ocotlan; acomodada en una pequeña zona rocosa sedimentaria, rodeada de cerros que bordean las llanuras donde se encuentran rocas ígneas de tipo "basalto", en las que se detectan fallas y fracturas geológicas donde la naturaleza a fundado sus mas importantes colonias.

El paisaje absorto detalla en mi vista una fuerte seducción, durante horas admiré el camino decorado de cientos de colores en su mayoría el verde y sus distintos tonos. Ansiosos mis ojos esperan el momento de encontrar esa gigante acuático equilibrado de plantas extrañas y de místicos secretos que se resguardan en las entrañas del lago de Chapala. Descendí del tren, la lluvia ceso, el aire húmedo golpea delicadamente mi rostro, arrastrando aromas de la naturaleza y mezclándolos con exquisita armonía en mi olfato hasta refrescar mi interior. Me traslade a pie algunos metros hasta llegar al borde de la rivera, donde se detienen algunos pequeños barcos de vapor que se utilizan para recorrer el río Lerma, hasta llegar al inmenso lago. Aborde el barco con mi guía, me acomode en el exterior para seguir y sentir el arrastre de la corriente que nos lleva a una trayectoria extensa; hasta penetrar los dominios del lago de Chapala.

En la rivera encontré diferentes plantas como: la tripilla, que vive en zonas en torno a la rivera, además que es fácilmente indentificable por las sombras que forma debajo del agua, seguimos el camino, el sol y el vapor del barco se impregnan fuertemente en mi rostro, junto con el movimiento uniforme del barco, pasamos una zona baja del lago y note unas decenas de estrellas de agua que normalmente se desarrollan en zonas bajas o en partes próximas a la orilla, observe también a lo lejos una alfombra acuática del lirio de un verde intenso cerca de los bordes. El recorrido duro algunas horas, tome nota en un pequeño cuaderno de todo lo que observe, me prepare para decender del barco, e ir enseguida al encuentro con uno de los últimos fundadores: Chapa un caudillo Tecuexe descendiente de los toltecas. Se dice en el pueblo que tiene 400 anos y que es el único sobreviviente de la conquista de Alonso de Avalos que intento conquistar Chapatla ahora llamada Chapala, y el único que sabe donde esta enterrado el tesoro guardado por sus ancestros los toltecas.

El antropólogo fue conducido entre los arbustos, entre la terracería durante horas, hasta llegar a una choza humilde. El anochecer se presentó con un cielo limpio conformados por distantes estelas, el guía lo dejó afuera un instante, mientras en el interior de la choza se entonaron voces desconocidas al igual que una lengua autóctona. Después de unos minutos, el guía salio y lo escoltó hasta el interior de la choza.

Al entrar lo vi. sentado, un hombre de espalda ancha y fuerte, con cabellos largos y opacos de color azabache, su piel color arena de áspera textura. Él poza frente a una diminuta fogata donde se genera su sombra en la pared que me causa una sensación extraña. Me acerqué con sigilosos pasos, y exclamé: - traigo un regalo especial para su pueblo!- Dije con voz tímida. Después de que el guía tradujera mis expresiones, Chapa con un lenguaje desconocido respondió: - lo sé, eres el descendiente del conquistador, el escogido que viene para sacrificar su cuerpo para liberar a mi pueblo,- dijo con la mirada puesta en el rostro sorprendido del antropólogo, que guardó silencio ante la excitación verbal de Chapa. El guía se acerco y con ligera voz le tradujo, después el antropólogo nervioso intento sacar de su mochila el obsequio que prometió, cuando fue interrumpido por los guardias de Chapa que ordeno que lo acostaran en una piedra rectangular fuera de la choza. Los gritos del antropólogo atado en la piedra y la luna llena anuncian con nitidez la ceremonia. Chapa frente a él, sus manos gruesas y seguras se dirigen hacia su cintura; donde saca un puñal hecho de piedra y lo introduce en el pecho varias veces y en diferentes direcciones hasta sacarle el corazón; para después depositarlo al lado del lago en ofrenda al ultimo dios que liberará a su pueblo sumergido en el lago por siglos. Al despertar el Dios, trato de encontrar el añorado espejo para poder liberar al pueblo tolteca, sin tener fortuna, antes de sumergirse nuevamente al lago con suma tristeza, lo distrajo un destello rojo entre la orilla, se acercó y notó nuevamente con ira un corazón desangrado.

Después del sacrificio, Chapa esperó frente al lago toda la noche sin notar el regreso de su pueblo. Al amanecer regresó a su choza con el saco del antropólogo y con las manos aun teñidas de sangre lo abre con cautela, introduce la mano y saca un objeto envuelto en papel, con una inscripción de frente que dice: "este espejo reflejara la libertad de un pueblo." Los versos escritos en su dialecto ocasionaron una fractura en su conciencia, degenerando su mirada y pensamiento con un horroroso presentimiento, apresuradamente abre el objeto y descubre el reflejo de su rostro ensangrentado en el espejo; reflexióna unos instantes y se da cuenta que la acción cometida lo condeno por siempre al igual que a su pueblo. Quedó inmovil, entre las manos yace el espejo, lo deja caer con alevocia en el suelo; donde se quiebra como: el Dios, como el pueblo, como la fe, como el hombre que trata de descubrir y ser parte de la libertad fragmentada en los restos del espejo.

Chapa enloquesio,ahora pasa todas las noches tratando de limpiar las estelas que se reflejaban en la corteza acuatica del lago, para poder presenciar con claridad su verdadero rostro.




2 comentarios:

Gizela dijo...

Ese final, ni bajo tortura me lo hubiese imaginado jaja!!
Buenísimo tu relato.
Tiene de todo, hasta un cínico final, tal cual la humanidad.
Muy bueno, felicitaciones.
Un beso
Gizz

Amaia dijo...

Preciosa historia,amigo,sé de los sacrificios humanos de ciertas culturas ancestrales,debieron de ser tremendas,y en vano claro,como en tu historia.
Un abrazo!

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